EP1. El agua dura está saboteando toda tu rutina de cuidado personal.

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Puede que nunca lo hayas pensado, pero el agua con la que te bañas cada día puede esconder varias cosas.


¿Qué significa “agua dura”?

El término agua dura se refiere al agua que contiene altas concentraciones de minerales , principalmente calcio y magnesio y usualmente está tratada con cloro. Estos minerales provienen de las rocas y sedimentos con los que el agua entra en contacto cuando circula por el subsuelo. Cuanto más calcio y magnesio disueltos tenga el agua, más “dura” se considerará .

Esa dureza no representa un riesgo para la salud, pero sí altera la forma en que el agua interactúa con el cuerpo, los productos de higiene y las superficies. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la dureza del agua es una característica estética, no sanitaria , pero puede afectar la sensación, el sabor y el desempeño de jabones y detergentes (OMS, Dureza en el agua potable , 2011).


¿Cómo afecta el agua dura a la piel?

El exceso de minerales interfiere con la forma en que se comportan los productos de higiene. Los jabones y limpiadores reaccionan con la dureza y forman residuos insolubles , que pueden quedarse en la piel después del enjuague.

Con el tiempo, esto puede generar:

  • Sensación de tirantez o resequedad después del baño.
  • Picazón o irritación leve , sobre todo en pieles sensibles.
  • Pérdida de suavidad o textura áspera.

Además, el cloro , que se utiliza para desinfectar el agua, agrava esa resequedad al eliminar los aceites naturales que protegen la piel. Diversos estudios dermatológicos han observado que las zonas con agua más dura tienden a tener mayor incidencia de piel seca y dermatitis atópica (Thomas et al., Journal of Investigative Dermatology , 2017).


¿Y qué ocurre con el cabello?

El cabello también sufre los efectos del agua dura, aunque de forma diferente.

Los minerales presentes en el agua pueden depositarse sobre la superficie del cabello , alterando su textura y brillo. Con el tiempo, estos depósitos:

  • Vuelve el cabello más rígido y áspero.
  • Aumentan el frizz y la dificultad para peinar.
  • Le quitan luminosidad y suavidad.
  • Interfieren con los tratamientos capilares , que no logran penetrar la fibra.

Además, estudios han encontrado que el cabello expuesto a agua dura presenta una menor resistencia a la tracción , lo que significa que se vuelve más propenso a quebrarse .


¿Por qué ocurre todo esto?

El agua dura no limpia de la misma forma que el agua blanda. Los minerales reducen la capacidad de los jabones y champús para generar espuma y enjuagarse completamente, lo que deja una película invisible de residuos en piel y cabello.

En la piel, esa capa puede obstruir los poros y reducir la humectación natural. En el cabello, actúa como una “barrera mineral” que atrapa impurezas y reseca la fibra capilar . En resumen, el agua dura:

  • No siempre es dañina para la salud , pero sí afecta la piel y el cabello con el tiempo.
  • Tiende a resecar, opacar y volver frágil la fibra capilar.
  • Causa sensación de tirantez e irritación de la piel.
  • Reduce la eficacia de jabones, champús y tratamientos.

Entender cómo funciona la dureza del agua no es un detalle técnico; es una forma de comprender por qué, a veces, tu piel y tu cabello no responden igual , incluso usando los mejores productos.

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